¿Cómo orar para recibir el Espíritu Santo?

Responde el padre Raniero Cantalamessa, predicador del Papa, ofmcap Camino Católico.- En el próximo Pentecostés entrará en función CHARIS, el nuevo organismo único de servicio de toda la corriente de gracia de la Renovación Carismática Católica. Es una ocasión única para una efusión renovada del Espíritu sobre nosotros y sobre toda la Iglesia. El propósito de ésta, y de las dos sucesivas reflexiones que me ha pedido el comité de coordinación y que se publican inicialmente en Aleteia, es precisamente el de apoyar y estimular con motivaciones bíblicas y teológicas el compromiso de oración con la que muchos hermanos y hermanas quieren contribuir al éxito espiritual del evento.

ORAD PARA RECIBIR EL ESPÍRITU

¿Cómo se prepararon los apóstoles a la venida del Espíritu Santo? ¡Orando! “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch l, 14). La oración de los apóstoles reunidos en el Cenáculo con María, es la primera gran epíclesis, es la inauguración de la dimensión epiclética de la Iglesia, de ese «Ven, Espíritu Santo» que seguirá resonando en la Iglesia por todos los siglos y que la liturgia antepondrá a todas sus acciones más importantes.

Mientras la Iglesia estaba en oración, “De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso,… quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 2-4). Se repite lo que había sucedido en el bautismo de Cristo: “Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal” (Lc 3, 21-22). Se diría que para San Lucas fue la oración de Jesús la que rasgó el cielo e hizo descender el Espíritu sobre él. Lo mismo sucede en Pentecostés.

Es impresionante la insistencia con la que, en los Hechos de los Apóstoles, la venida del Espíritu Santo se pone en relación con la oración. Sin olvidar el papel determinante del bautismo (cf Hch 2, 38), pero se insiste más sobre el de la oración. Saulo «estaba orando» cuando el Señor le envió a Ananías para que recuperase la vista y se llenase de Espíritu Santo (cf Hch 9, 9.11). Cuando los apóstoles supieron que la Samaria había escuchado la Palabra, mandaron a Pedro y a Juan; «estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo» (At 8, 15).

Orar para recibir, recibir para orar.

Raniero Cantalamessa