MENSAJE DE LA GOSPA – MIRJANA

Mirjana Dragicevic -Soldo
Nacio en Bijakovici el 18 de marzo de 1965. Estudio agronomia en la Universidad de Sarajevo. Está casada con Marko Soldo desde el 16 de septiembre de 1989 y tiene dos hijas, Marija y Verónica. Vive con su familia en Medjugorje. Ha recibido de la Virgen los 10 secretos, el último el día de Navidad de 1982 que marcó para ella la última da las apariciones cotidianas. Aquel día la Virgen le dijo: “Ahora debes volverte a Dios, por medio de la fe, como todos los demás. Me apareceré a ti sólo para tu cumpleaños y cuando tengas dificultades en la vida”. Mirjana conoce también las fechas precisas de cuándo se realizarán los eventos contenidos en los secretos. El día 2 de cada mes ora con la Virgen por los no creyentes.

2018

Mensaje 2 de enero: “Queridos hijos, lamentablemente entre ustedes, mis hijos, hay mucha lucha, odio, intereses personales y egoísmo. Hijos míos, ¡cuán fácilmente olvidan a mi Hijo, sus palabras, su amor! La fe se extingue en muchas almas y los corazones están siendo atrapados por las cosas materiales del mundo. Pero mi Corazón maternal sabe que aún hay quienes creen y aman, que intentan acercarse lo más posible a mi Hijo, que incansablemente buscan a mi Hijo y, de esta manera, me buscan a mí. Son los humildes y los mansos que sobre llevan sus dolores y sufrimientos en silencio, con sus esperanzas y sobre todo con su fe. Son los apóstoles de mi amor. Hijos míos, apóstoles de mi amor, les enseño que mi Hijo no solo pide oraciones continuas, sino también obras y sentimientos; pide que crean, que oren, que con sus oraciones personales crezcan en la fe, crezcan en el amor. Amarse unos a otros es lo que Él pide: este es el camino a la vida eterna. Hijos míos, no olviden que mi Hijo trajo la luz a este mundo y la trajo a quienes quisieron verla y recibirla. Sean ustedes de esos; porque es la luz de la verdad, de la paz y del amor. Los conduzco maternalmente a adorar a mi Hijo, a amar conmigo a mi Hijo; a que sus pensamientos, palabras y obras se orienten hacia Mi Hijo y que estos sean en Su nombre. Solo entonces mi Corazón estará colmado. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de diciembre: Queridos Hijos, cuando vienen a mí, como a una madre, con un corazón puro y abierto, sepan que los escucho, los aliento, los consuelo y, sobre todo, intercedo por ustedes ante mi Hijo. Sé que desean tener una fe fuerte y manifestarla de la manera correcta. Lo que mi Hijo les pide es una fe sincera, fuerte y profunda; en consecuencia, de cualquier manera que la manifiesten es válida. La fe es un secreto maravilloso que se guarda en el corazón. Ella se halla entre el Padre Celestial y todos sus hijos, se reconoce por los frutos y por el amor que se tiene hacia todas las criaturas de Dios. Apóstoles de mi amor, hijos míos, confíen en mi Hijo. Ayuden a todos mis hijos a que conozcan Su amor. Ustedes son mi esperanza, ustedes que intentan amar sinceramente a mi Hijo. En el nombre del amor, por la salvación de ustedes, según la voluntad del Padre Celestial y por mi Hijo, estoy aquí entre ustedes. Apóstoles de mi amor, que sus corazones, con la oración y el sacrificio, sean iluminados por el amor y la luz de mi Hijo. Que esa luz y ese amor iluminen a todos los que encuentran, y los haga regresar a Mi Hijo. Yo estoy con ustedes. De manera especial, estoy con sus pastores. Los ilumino y los animo con mi amor maternal para que, con sus manos bendecidas por mi Hijo, bendigan al mundo entero. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje 2 de noviembre: Queridos hijos, mi Corazón materno sufre mientras miro a mis hijos que no aman la verdad, que la esconden; mientras miro a mis hijos que no oran con sentimientos y con obras. Estoy muy triste mientras le hablo a mi Hijo, que muchos hijos míos ya no tienen fe, que a Él no lo conocen, a mi Hijo. Por eso los invito a ustedes, apóstoles de mi amor: procuren mirar en los corazones de los hombres hasta el fondo, y allí encontrarán, con seguridad, un pequeño tesoro escondido. Mirar así es misericordia del Padre Celestial. Buscar el bien, incluso donde se encuentra el mal más grande, tratar de comprenderse los unos a los otros y no juzgar, es lo que mi Hijo pide de ustedes; y yo, como Madre, los invito a escucharlo. Hijos míos, el espíritu es más poderoso que el cuerpo, y llevado por el amor y las obras supera todos los obstáculos. No olviden: mi Hijo los ha amado y los ama. Su amor está con ustedes y en ustedes cuando son uno con Él. Él es la luz del mundo, y nadie ni nada logrará detenerlo en la Gloria final. Por eso, apóstoles de mi amor, no tengan miedo de dar testimonio de la verdad. Testimónienla con entusiasmo, con obras, con amor, con su sacrificio y, sobre todo, con humildad. Testimonien la verdad a todos aquellos que no han conocido a mi Hijo. Yo estaré a su lado, yo los alentaré. Testimonien el amor que no cesa nunca, porque proviene del Padre Celestial que es eterno y ofrece la eternidad a todos mis hijos. El Espíritu de mi Hijo estará a su lado. Nuevamente los invito, hijos míos: oren por sus pastores, oren para que puedan ser guiados por el amor de mi Hijo. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje 2 de octubre: “Queridos hijos, los invito a ser valientes, a no desistir, porque el bien más pequeño y el más pequeño signo de amor, vencen sobre el mal cada vez más visible. Hijos míos, escúchenme, para que el bien pueda vencer, para que puedan conocer el amor de mi Hijo. Esta es la dicha más grande: los brazos de mi Hijo que abrazan; Él, que ama el alma, Él, que se ha dado por ustedes y siempre y nuevamente se da en la Eucaristía; Él, que tiene palabras de vida eterna. Conocer su amor, seguir sus huellas, significa tener la riqueza de la espiritualidad. Esa es la riqueza que da buenos sentimientos y ve el amor y la bondad en todas partes. Apóstoles de mi amor, con el calor del amor de mi Hijo, sean como los rayos del sol que calientan todo en torno a sí. Hijos míos, el mundo tiene necesidad de apóstoles del amor, el mundo tiene necesidad de muchas oraciones: pero de oraciones con el corazón y con el alma, y no solo de aquellas que se pronuncian con los labios. Hijos míos, tiendan a la santidad, pero en humildad; en la humildad que le permite a mi Hijo realizar, a través de ustedes, lo que Él desea. Hijos míos, sus oraciones, sus palabras, pensamientos y obras, todo esto les abre o les cierra las puertas del Reino de los Cielos. Mi Hijo les ha mostrado el camino y les ha dado esperanza, y yo los consuelo y los aliento. Porque, hijos míos, yo he conocido el dolor, pero he tenido fe y esperanza. Ahora tengo el premio de la vida en el Reino de mi Hijo. Por eso, escúchenme: ¡tengan valor y no desistan! ¡Le doy las gracias!”

Mensaje 2 de septiembre: “Queridos hijos, mis palabras son simples, pero llenas de amor maternal y preocupación. Hijos míos, sobre ustedes se ciernen cada vez más las sombras de las tinieblas y del engaño, y yo los llamo hacia la luz y la verdad, yo los llamo hacia mi Hijo. Solo Él puede convertir la desesperación y el dolor en paz y serenidad, solo Él puede dar esperanza en los dolores más profundos. Mi Hijo es la vida del mundo: cuanto más lo conocen más se acercan a Él y más lo amarán porque mi Hijo es amor. El amor lo cambia todo, él hace maravilloso incluso lo que sin amor les parece insignificante. Por eso nuevamente les digo que, si desean crecer espiritualmente, deben amar mucho. Apóstoles de mi amor, sé que no siempre es fácil, pero, hijos míos, también los caminos dolorosos son vías que llevan al crecimiento espiritual, a la fe y a mi Hijo. Hijos míos, oren, piensen en mi Hijo. Durante todos los momentos del día eleven su alma a Él, y yo recogeré sus oraciones como flores del jardín más bello y las regalaré a mi Hijo. Sean apóstoles auténticos de mi amor, difundan a todos el amor de mi Hijo; sean jardines con las flores más bellas. Con la oración ayuden a sus pastores para que puedan ser padres espirituales llenos de amor hacia todos los hombres. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de agosto: “Queridos hijos, con amor maternal los invito a abrir los corazones a la paz, a abrir los corazones a mi Hijo, a que en sus corazones cante el amor hacia mi Hijo, porque es solo de ese amor que llega la paz al alma. Hijos míos, sé que tienen bondad, sé que tienen amor, un amor misericordioso. Pero muchos hijos míos tienen aún los corazones cerrados; piensan que pueden actuar sin dirigir sus pensamientos hacia el Padre Celestial que ilumina, y hacia mi Hijo, que siempre está nuevamente con ustedes en la Eucaristía y desea escucharlos. Hijos míos, ¿por qué no le hablan? La vida de cada uno de ustedes es importante y preciosa, porque es un don del Padre Celestial para la eternidad; por eso, no se olviden nunca de darle gracias: ¡háblenle! Sé, hijos míos, que para ustedes todavía es desconocido lo que vendrá después, pero cuando les llegue su después, recibirán todas las respuestas. Mi amor maternal desea que estén preparados. Hijos míos, pongan con su vida sentimientos buenos en el corazón de las personas que encuentran: sentimientos de paz, de bondad, de amor y de perdón. A través de la oración, escuchen lo que les dice mi Hijo y actúen en consecuencia. Los invito nuevamente a orar por sus pastores, por aquellos que mi Hijo ha llamado. Recuerden que tienen necesidad de oraciones y de amor. Les doy las gracias”.

Mensaje 2 de julio: “Queridos hijos, soy Madre de todos ustedes, por eso no tengan miedo, porque yo escucho sus oraciones. Sé que me buscan y por eso oro a mi Hijo por ustedes, mi Hijo que está unido con el Padre Celestial y con el Espíritu consolador, mi Hijo que guía a las almas hacia el Reino de donde Él ha venido, el Reino de la paz y de la luz. Hijos míos, les ha sido dada la libertad de elegir. Por eso yo, como Madre, les pido que usen la libertad para el bien. Ustedes, con almas puras y sencillas, son capaces de comprender; aunque algunas veces no entienden las palabras, dentro de ustedes sienten cuál es la verdad. Hijos míos, no pierdan la verdad y la vida verdadera por seguir la falsa. Con la vida verdadera el Reino Celestial entra en sus corazones: este es el Reino del amor, de la paz y de la concordia. Entonces, hijos míos, no existirá el egoísmo que los aleja de mi Hijo. En su lugar, habrá amor y comprensión por su prójimo. Por eso recuerden, nuevamente les repito: orar también significa amar a los demás, al prójimo y darse a ellos. Amen y den en mi Hijo y Él obrará en ustedes y para ustedes. Hijos míos, piensen continuamente en mi Hijo y ámenlo inmensamente, así tendrán la vida verdadera, y esto será por la eternidad. Les doy las gracias, apóstoles de mi amor.”

Mensaje 2 de junio: “Queridos hijos, los invito a que acojan mis palabras con sencillez de corazón, que como Madre les digo para que emprendan el camino de la luz plena, de la pureza, del amor único de mi Hijo, hombre y Dios. Una alegría, una luz que no se puede describir con palabras humanas, penetrará en su alma y los envolverá la paz y el amor de mi Hijo. Es lo que deseo para todos mis hijos. Por eso ustedes, apóstoles de mi amor, ustedes que saben amar, ustedes que saben perdonar, ustedes que no juzgan, ustedes a los que yo exhorto: sean ejemplo para todos aquellos que no van por el camino de la luz y del amor, o que se han desviado de él. Con su vida muéstrenles la verdad. Muéstrenles el amor, porque el amor supera todas las dificultades, y todos mis hijos tienen sed de amor. Su unión en el amor es un regalo para mi Hijo y para mi. Pero, hijos míos, recuerden que amar significa desear el bien a mi prójimo y desear la conversión de su alma. Pero, mientras los miro reunidos en torno a mi, mi Corazón está triste, porque veo muy poco el amor fraterno, el amor misericordioso. Hijos míos, la Eucaristía, mi Hijo vivo en medio de ustedes y sus palabras, los ayudarán a comprender, porque Su Palabra es vida, Su Palabra hace que el alma respire, Su Palabra hace conocer el amor. Queridos hijos nuevamente les pido como Madre que desea el bien de sus hijos: amen a sus pastores, oren por ellos. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de mayo: “Queridos hijos, mi Hijo, que es la luz del amor, todo lo que ha hecho y hace, lo hace por amor. Así también ustedes, hijos míos, cuando viven en el amor y aman a su prójimo, hacen la voluntad de mi Hijo. Apóstoles de mi amor, háganse pequeños. Abran sus corazones puros a mi Hijo para que Él pueda actuar por medio de ustedes. Con la ayuda de la fe, llénense de amor, pero, hijos míos, no olviden que la Eucaristía es el corazón de la fe: es mi Hijo que los nutre con su Cuerpo y los fortalece con su Sangre. Este es el milagro del amor: mi Hijo, quien siempre y nuevamente viene vivo para dar vida a las almas. Hijos míos, al vivir en el amor hacen la voluntad de mi Hijo y Él vive en ustedes. Hijos míos, mi deseo materno es que lo amen cada vez más, porque Él los llama con su amor, les da amor para que lo difundan a todos alrededor de ustedes. Como Madre, por medio de Su amor, estoy con ustedes para decirles palabras de amor y de esperanza, para decirles palabras eternas y victoriosas sobre el tiempo y sobre la muerte, para invitarlos a ser mis apóstoles del amor. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje recibido el 2 de abril: “Queridos hijos, por el gran amor del Padre Celestial, estoy con ustedes como su Madre, y ustedes están conmigo como hijos mios, como apóstoles de mi amor que continuamente reúno en torno a mí. Hijos míos, ustedes son aquellos que con la oración se deben entregar completamente a mi Hijo, que no sean más ustedes los que viven sino mi Hijo en ustedes. De manera que todos aquellos que no conocen a mi Hijo, lo vean en ustedes y deseen conocerlo. Oren para que en ustedes vean una decidida humildad y bondad, disponibilidad para servir a los demás; que vean en ustedes que viven con el corazón el llamado terrenal en comunión con mi Hijo; que vean en ustedes dulzura, ternura y amor hacia mi Hijo, como hacia sus hermanos y hermanas. Apóstoles de mi amor, deben orar mucho y purificar sus corazones, de manera que sean ustedes los primeros en caminar por la senda de mi Hijo; para que sean aquellos justos que están unidos a la justicia de mi Hijo. Hijos míos, como mis apóstoles, deben estar unidos en la comunión que proviene de mi Hijo, para que mis hijos, que no conocen a mi Hijo, reconozcan la comunión del amor, y deseen caminar por el camino de la vida, por la senda de la unión con mi Hijo. Les doy las gracias”.

Mensaje anual 18 de marzo: “Queridos hijos, mi vida terrena era simple: amaba y me hacían feliz las pequeñas cosas; amaba la vida, don de Dios, aunque los dolores y sufrimientos traspasaban mi Corazón. Hijos míos, tenía la fuerza de la fe e ilimitada confianza en el amor de Dios. Todos los que tienen la fuerza de la fe son más fuertes. La fe te hace vivir en lo justo, y entonces la luz del amor divino llega siempre en el momento deseado. Esta es la fuerza que sostiene en el dolor y en el sufrimiento. Hijos míos, oren por la fuerza de la fe, confíen en el Padre Celestial y no tengan miedo. Sepan que ninguna criatura de Dios se perderá, sino que vivirá para siempre. Todo dolor tiene su fin y después comienza la vida en libertad, allí donde todos mis hijos vienen, donde todo retorna. Hijos míos, su lucha es dura, lo será todavía más, pero ustedes sigan mi ejemplo. Oren por la fuerza de la fe, confíen en el amor del Padre Celestial. Yo estoy con ustedes, yo me manifiesto a ustedes, yo los animo. Con inmenso amor maternal acaricio sus almas. Les doy las gracias”.

Mensaje 2 de marzo: “Queridos hijos, grandes obras ha hecho en mí el Padre Celestial, como las hace en todos aquellos que tiernamente lo aman y lo sirven con fe. Hijos míos, el Padre Celestial los ama y por su amor yo estoy aquí con ustedes. Él les habla, ¿por qué no quieren ver los signos? Con Él todo es más fácil: el dolor vivido con Él se vuelve más tenue porque existe la fe. La fe ayuda en el dolor y sin la fe el dolor lleva a la desesperación. El dolor vivido y ofrecido a Dios enaltece. ¿Acaso no ha sido mi Hijo quien por su doloroso sacrificio ha salvado el mundo? Como Madre suya estaba con Él en el dolor y en el sufrimiento, como estoy con todos ustedes. Hijos míos, estoy con ustedes en la vida, en el dolor, en el sufrimiento, en la alegría y en el amor. Por eso tengan esperanza. La esperanza hace comprender que la vida está ahí. Hijos míos yo les hablo, mi voz habla a su alma, mi Corazón habla a su corazón. ¡Oh apóstoles de mi amor!, cuánto los ama mi Corazón materno, cuántas cosas deseo enseñarles. Cuánto desea mi Corazón materno que estén completos, y pueden estarlo solamente cuando en ustedes el alma, el cuerpo y el amor estén unidos. Les ruego, como hijos míos: oren por la Iglesia y sus servidores —sus pastores; que la Iglesia sea como mi Hijo la desea: pura como agua de manantial y llena de amor. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje 2 de Febrero: “Queridos hijos, ustedes a quienes mi Hijo ama, ustedes a los que yo amo inmensamente con amor maternal, no permitan que el egoísmo y el amor propio reinen en el mundo; no permitan que el amor y la bondad estén ocultos. Ustedes que son amados y que han conocido el amor de mi Hijo, recuerden que ser amados significa amar. Hijos míos, tengan fe. Cuando tienen fe, son felices y difunden la paz; su alma exulta de alegría. En esa alma está mi Hijo. Cuando se dan por la fe, cuando se dan por amor, cuando hacen el bien a su prójimo, mi Hijo sonríe en su alma. Apóstoles de mi amor, yo me dirijo a ustedes como Madre, los reúno en torno a mí y deseo conducirlos por el camino del amor y de la fe, por el camino que conduce a la Luz del mundo. Por causa del amor y de la fe estoy aquí; porque deseo con mi bendición maternal darles esperanza y fuerza en su camino. Porque el camino que conduce a mi Hijo no es fácil: está lleno de renuncias, de entrega, de sacrificio, de perdón y de mucho, mucho amor. Pero ese camino conduce a la paz y a la alegría. Hijos míos, no crean en las falsas voces que les hablan de cosas falsas y de una falsa luz. Ustedes, hijos míos, vuelvan a la Sagrada Escritura. Con inmenso amor los miro y por gracia de Dios me manifiesto a ustedes. Hijos míos, vengan conmigo, que su alma exulte de alegría. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje 2 de enero: “Queridos hijos, cuando en la Tierra llega a faltar el amor, cuando no se encuentra el camino de la salvación, yo, la Madre, vengo a ayudarlos para que conozcan la verdadera fe, viva y profunda; para ayudarlos a que amen de verdad. Como Madre anhelo su amor recíproco, su bondad y su pureza. Mi deseo es que sean justos y se amen. Hijos míos, sean alegres en el espíritu, sean puros, sean niños. Mi Hijo decía que amaba estar entre los corazones puros, porque los corazones puros son siempre jóvenes y alegres. Mi Hijo les decía que perdonen y se amen. Sé que esto no siempre es fácil: el sufrimiento hace que crezcan en el espíritu. Para poder crecer cada vez más espiritualmente, deben perdonar y amarse sincera y verdaderamente. Muchos hijos míos en la Tierra no conocen a mi Hijo, no lo aman; pero ustedes, que aman a mi Hijo, ustedes que lo llevan en el corazón, oren, oren y, orando, sientan a mi Hijo junto a ustedes, que vuestra alma respire su Espíritu. Yo estoy en medio de ustedes y les hablo de pequeñas y grandes cosas. No me cansaré nunca de hablarles de mi Hijo, amor verdadero. Por eso, hijos míos, ábranme sus corazones, permítanme que los guíe maternalmente. Sean apóstoles del amor de mi Hijo y del mío. Como Madre les pido: no olviden a aquellos que mi Hijo ha llamado para guiarlos. Llévenlos en el corazón y oren por ellos. Les doy las gracias.”

2017

Mensaje 2 de diciembre : “Queridos hijos, les hablo como su Madre, Madre de los justos, Madre de aquellos que aman y sufren, Madre de los santos. Hijos míos, también ustedes pueden ser santos, eso depende de ustedes. Santos son aquellos que aman sin medida al Padre Celestial, aquellos que lo aman sobre todas las cosas. Por eso, hijos míos, procuren siempre ser mejores. Si procuran ser buenos, pueden ser santos, sin pensar que lo son. Si piensan que son buenos, no son humildes y la soberbia los aleja de la santidad. En este mundo inquieto, lleno de amenazas, sus manos, apóstoles de mi amor, deberían estar extendidas en oración y misericordia. A mí, hijos míos, regálenme el Rosario, esas rosas que tanto amo. Mis rosas son sus oraciones dichas con el corazón y no solo recitadas con los labios. Mis rosas son sus obras de oración, de fe y de amor. Cuando mi Hijo era pequeño, me decía que mis hijos serían numerosos y me traerían muchas rosas. Yo no lo comprendía. Ahora sé que esos hijos son ustedes, que me traen rosas cuando aman a mi Hijo sobre todas las cosas, cuando oran con el corazón, cuando ayudan a los más pobres. ¡Esas son mis rosas! Esa es la fe que hace que todo en la vida se haga por amor, que no se conozca la soberbia, que se esté pronto a perdonar; nunca juzgar y tratar siempre de comprender al propio hermano. Por eso, apóstoles de mi amor, oren por aquellos que no saben amar, por aquellos que no los aman, por aquellos que les han hecho mal, por aquellos que no han conocido el amor de mi Hijo. Hijos míos, esto es lo que pido de ustedes, porque recuerden: orar significa amar y perdonar. Les doy las gracias

Mensaje 2 de noviembre: “Queridos hijos, al mirarlos reunidos en torno a mí, su Madre, veo muchas almas puras, a muchos hijos míos que buscan el amor y la consolación, pero que nadie se la ofrece. Veo también a aquellos que hacen el mal, porque no tienen buenos ejemplos, no han conocido a mi Hijo: ese bien que es silencioso y se difunde a través de las almas puras, es la fuerza que sostiene este mundo. Los pecados son muchos, pero también existe el amor. Mi Hijo me envía a ustedes, la Madre, la misma para todos, para que les enseñe a amar y comprendan que son hermanos. Él desea ayudarlos. Apóstoles de mi amor, es suficiente un vivo deseo de fe y amor y mi Hijo lo aceptará; pero deben ser dignos, tener buena voluntad y corazones abiertos. ¡Mi Hijo entra en los corazones abiertos! Yo, como Madre, deseo que lleguen a conocer mejor a mi Hijo, Dios nacido de Dios, para que conozcan la grandeza de Su amor, del que ustedes tienen tanta necesidad. Él ha tomado sobre sí sus pecados, ha obtenido la redención para ustedes, y a cambio, les ha pedido que se amen los unos a los otros. Mi Hijo es amor, Él ama a todos los hombres sin distinción, a los hombres de todas las naciones y de todos los pueblos. Si vivieran, hijos míos, el amor de mi Hijo, Su Reino estaría ya en la Tierra. Por eso, apóstoles de mi amor, oren, oren para que mi Hijo y Su amor estén más cerca de ustedes, para poder ser ejemplo del amor y poder ayudar a todos aquellos que no han conocido a mi Hijo. Nunca olviden que mi Hijo, Uno y Trino, los ama. Oren y amen a sus pastores. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje del 2 de octubre: “Queridos hijos, como Madre yo les hablo con palabras simples, pero llenas de amor y de solicitud por mis hijos que, por medio de mi Hijo, me han sido confiados. Mi Hijo, que es del eterno presente, les habla con palabras de vida y siembra amor en los corazones abiertos. Por eso les pido, apóstoles de mi amor: tengan corazones abiertos, siempre dispuestos a la misericordia y al perdón. Por mi Hijo, perdonen siempre al prójimo, porque así la paz estará en ustedes. Hijos míos, preocúpense por su alma, porque es lo único que en realidad les pertenece. Se olvidan de la importancia de la familia. La familia no debería ser lugar de sufrimiento y dolor, sino lugar de comprensión y ternura. Las familias que intentan vivir según mi Hijo viven en amor recíproco. Desde que mi Hijo era pequeño, me decía que para Él todos los hombres son sus hermanos. Por eso recuerden, apóstoles de mi amor, que todos los hombres que encuentran, son familia para ustedes; hermanos según mi Hijo. Hijos míos, no pierdan el tiempo pensando en el futuro con preocupación. Que su única preocupación sea, cómo vivir bien cada momento según mi Hijo: he ahí la paz. Hijos míos, no olviden nunca orar por sus pastores. Oren para que puedan acoger a todos los hombres como hijos suyos y sean para ellos padres espirituales según mi Hijo. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje del 2 de septiembre: “Queridos hijos, ¡quién mejor que yo puede hablarles del amor y del dolor de mi Hijo! He vivido con Él, he sufrido con Él. Durante la vida terrena he experimentado el dolor, porque fui madre. Mi Hijo amaba los pensamientos y las obras del Padre Celestial, el verdadero Dios. Y, como Él me decía, había venido para redimirlos. Yo escondía mi dolor en el amor, y ustedes, hijos míos, tienen numerosas preguntas. No comprenden el dolor. No comprenden que, a través del amor de Dios, deben aceptar el dolor y soportarlo. Cada criatura de Dios lo experimentará en menor o mayor medida, pero, con la paz en el alma y en estado de gracia, la esperanza existe: es mi Hijo, Dios, nacido de Dios. Sus palabras son la semilla de la vida eterna que, sembradas en las almas buenas, producen numerosos frutos. Mi Hijo ha llevado sobre sí el dolor porque ha tomado sobre sí sus pecados. Por eso, hijos míos, apóstoles de mi amor, ustedes que sufren, sepan que sus dolores se convertirán en luz y en gloria. Hijos míos, mientras soportan el dolor, mientras sufren, el Cielo entra en ustedes. Y ustedes, den un poco de Cielo y mucha esperanza a quienes tienen alrededor. ¡Les agradezco!”

Mensaje 2 de agosto: “Queridos hijos, por voluntad del Padre Celestial, como Madre de Aquel que los ama, estoy aquí con ustedes para ayudarlos a conocerlo, a seguirlo. Mi Hijo les ha dejado las huellas de sus pies para que les sea más fácil seguirlo. No teman, no estén inseguros, yo estoy con ustedes. No se dejen desanimar, porque es necesaria mucha oración y mucho sacrificio por aquellos que no oran, aquellos que no aman y no conocen a mi Hijo. Ayúdenlo viendo en ellos a sus hermanos. Apóstoles de mi amor, presten atención a mi voz en ustedes, sientan mi amor materno. Por eso, oren; oren actuando, oren dando, oren con amor, oren con las obras y con los pensamientos, en el Nombre de mi Hijo. Cuanto más amor den tanto más recibirán; el amor surgido del Amor ilumina el mundo; la redención es amor y el amor no tiene fin. Cuando mi Hijo venga de nuevo a la Tierra buscará el amor en sus corazones. Hijos míos, Él ha hecho por ustedes muchas obras de amor: yo les enseño a verlas, a comprenderlas y a darle gracias amándolo y perdonando siempre de nuevo al prójimo; porque amar a mi Hijo significa perdonar. A mi Hijo no se lo ama si no se sabe perdonar al prójimo, si no se intenta comprenderlo, si se lo juzga. Hijos míos, ¿de qué les sirve la oración si no aman y no perdonan? Les doy las gracias”.

Mensajeje 2 de julio: “Queridos hijos, les doy las gracias porque responden a mis llamados y porque se reúnen en torno a mí, su Madre Celestial. Sé que piensan en mí con amor y esperanza, y yo también siento amor hacia todos ustedes, como también lo siente mi amadísimo Hijo que, en su amor misericordioso, siempre y de nuevo me envía a ustedes. Él, que se hizo hombre, que era y es Dios, Uno y Trino; Él, que por vuestra causa ha sufrido en el cuerpo y en el alma. Él, que se ha hecho Pan para nutrir sus almas, y así salvarlas. Hijos míos, les enseño cómo ser dignos de Su amor, a dirigir a Él sus pensamientos, a vivir a mi Hijo. Apóstoles de mi amor, los envuelvo con mi manto porque, como Madre, deseo protegerlos. Les pido: oren por todo el mundo. Mi Corazón sufre, los pecados se multiplican, son muy numerosos. Pero con la ayuda de ustedes, que son humildes, modestos, llenos de amor, ocultos y santos, mi Corazón triunfará. Amen a mi Hijo por encima de todo y a todo el mundo por medio de Él. No olviden nunca que cada hermano suyo lleva en sí algo precioso: el alma. Por eso, hijos míos, amen a todos aquellos que no conocen a mi Hijo para que, por medio de la oración y del amor que proviene de esta, puedan ser mejores; para que la bondad en ellos pueda vencer, para que las almas se salven y tengan vida eterna. Apóstoles míos, hijos míos, mi Hijo les ha dicho que se amen los unos a los otros. Que esto esté escrito en sus corazones y con la oración procuren vivir ese amor. Les doy las gracias.”

Mensaje 2 de junio: “Queridos hijos, como en otros lugares donde he venido, también aquí los llamo a la oración. Oren por aquellos que no conocen a mi Hijo, por aquellos que no han conocido el amor de Dios; contra el pecado; por los consagrados: por aquellos que mi Hijo ha llamado a tener amor y espíritu de fortaleza para ustedes y para la Iglesia. Oren a mi Hijo, y el amor que experimentan por Su cercanía, les dará fuerza y los dispondrá para las obras de amor que ustedes harán en su Nombre. Hijos míos, estén preparados: ¡este tiempo es un momento crucial! Por eso yo los llamo nuevamente a la fe y a la esperanza. Les muestro el camino a seguir: el de las palabras del Evangelio. Apóstoles de mi amor, el mundo tiene mucha necesidad de sus manos alzadas al Cielo, hacia mi Hijo y hacia el Padre Celestial. Es necesaria mucha humildad y pureza de corazón. Confíen en mi Hijo y sepan ustedes que siempre pueden ser mejores. Mi Corazón materno desea que ustedes, apóstoles de mi amor, sean pequeñas luces del mundo; que iluminen allí donde las tinieblas desean reinar: que con su oración y amor muestren el camino correcto, y salven almas. Yo estoy con ustedes. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de mayo: “Queridos hijos, los invito a orar, no pidiendo sino ofreciendo sacrificios, sacrificándose. Los invito al anuncio de la verdad y del amor misericordioso. Oro a mi Hijo por ustedes, por su fe, que en sus corazones disminuye cada vez más. Le pido a Él que los ayude con el Espíritu Divino, como también yo deseo ayudarlos con el espíritu materno. Hijos míos, deben ser mejores; solo los que son puros, humildes y llenos de amor sostienen el mundo, se salvan a sí mismos y al mundo. Hijos míos, mi Hijo es el corazón del mundo, es necesario amarlo y orarle a Él, y no traicionarlo siempre de nuevo. Por eso ustedes, apóstoles de mi amor, difundan la fe en los corazones de los hombres con vuestro ejemplo, con la oración y con el amor misericordioso. Yo estoy a vuestro lado y los ayudaré. Oren para que sus pastores tengan cada vez más luz, para que puedan iluminar a todos aquellos que viven en las tinieblas. Les doy las gracias.”

Mensaje 2 de abril: “Queridos hijos, apóstoles de mi amor, está en ustedes difundir el amor de mi Hijo a todos aquellos que no lo han conocido; está en ustedes, pequeñas luces del mundo, a las que yo con amor maternal les enseño a brillar con claridad en todo su esplendor. La oración los ayudará, porque la oración los salva a ustedes, la oración salva el mundo. Por eso, hijos míos, oren con palabras, con sentimiento, con amor misericordioso y con el sacrificio. Mi Hijo les ha mostrado el camino, Él, que se ha encarnado y ha hecho de mí el primer cáliz, Él, que con su supremo Sacrificio les ha mostrado cómo se debe amar. Por eso, hijos míos, no tengan miedo a decir la verdad. No tengan miedo, ustedes mismos, de cambiar y de cambiar el mundo difundiendo el amor y haciendo todo para que mi Hijo llegue a ser conocido y amado, al amar a los demás en Él. Yo, como Madre, estoy siempre con ustedes. Oro a mi Hijo para que los ayude a que en su vida reine el amor: el amor que vive, el amor que atrae, el amor que da la vida. Ese es el amor que les enseño, un amor puro. Está en ustedes, apóstoles míos, reconocerlo, vivirlo y difundirlo. Oren con sentimiento por sus pastores, para que con amor puedan testimoniar a mi Hijo. Les doy las gracias”.

Mensaje 18 de marzo (aparición extraordinaria): “Queridos hijos, mi deseo maternal es que sus corazones estén llenos de paz y que sus almas sean puras, para que, en la presencia de mi Hijo, puedan ver su Rostro. Porque, hijos míos, yo como Madre sé que están sedientos de consuelo, de esperanza y de protección. Ustedes, hijos míos consciente o inconscientemente buscan a mi Hijo. También yo, mientras vivía en el tiempo terreno, me alegraba, sufría y soportaba con paciencia los dolores, hasta que mi Hijo, en toda su gloria, los suprimió. Y por eso digo a mi Hijo: “Ayúdalos siempre”. Ustedes, hijos míos, con un amor verdadero, iluminen la oscuridad del egoísmo, que envuelve cada vez más a mis hijos. Sean generosos: que sus manos y su corazón estén siempre abiertos. No tengan miedo, abandónense a mi Hijo con confianza y esperanza. Mirándolo a Él, vivan la vida con amor. Amar significa darse, soportar y nunca juzgar. Amar significa vivir las palabras de mi Hijo. Hijos míos, como Madre les digo que solo el amor verdadero lleva a la felicidad eterna. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje 2 de marzo: “Queridos hijos, con amor maternal, vengo a ayudarlos para que tengan más amor, lo que significa más fe. Vengo para ayudarlos a vivir con amor las palabras de mi Hijo, de manera que el mundo sea diferente. Por eso, apóstoles de mi amor, los reúno en torno a mí. Mírenme con el corazón, háblenme como a una madre de sus dolores, aflicciones y alegrías. Pídanme que yo ore a mi Hijo por ustedes. Mi Hijo es misericordioso y justo. Mi Corazón materno desea que también ustedes sean así. Mi Corazón materno desea que ustedes, apóstoles de mi amor, hablen con vuestra vida de mi Hijo y de mí a todos los que los rodean para que el mundo sea diferente, para que retornen la simplicidad y la pureza, para que retornen la fe y la esperanza. Por eso, hijos míos, oren, oren, oren con el corazón, oren con amor, oren con buenas obras; oren para que todos conozcan a mi Hijo, para que el mundo cambie, para que el mundo se salve. Vivan con amor las palabras de mi Hijo; no juzguen, sino ámense los unos a los otros para que mi Corazón pueda triunfar. Les doy las gracias”.

Mensaje 2 de febrero: “Queridos hijos, con amor maternal vengo a ayudaros para que tengáis más amor, lo que significa más fe. Vengo para ayudaros a vivir con amor las palabras de mi Hijo, de manera que el mundo sea diferente.Por eso, apóstoles de mi amor, os reúno en torno a mí. Miradme con el corazón, habladme como a una madre de vuestros dolores, fatigas y alegrías. Pedidme para que yo ore a mi Hijo por vosotros. Mi Hijo es misericordioso y justo. Mi Corazón maternal desea que también vosotros seáis así. Mi Corazón maternal desea que vosotros, apóstoles de mi amor, habléis con vuestra vida de mi Hijo y de mí a todos los que os rodean, para que el mundo sea diferente, para que vuelvan la simplicidad y la pureza, para que vuelvan la fe y la esperanza. Por eso, hijos míos, orad, orad, orad con el corazón, orad con amor, orad con obras buenas, orad para que todos conozcan a mi Hijo, para que el mundo cambie, para que el mundo se salve. Vivid con amor las palabras de mi Hijo; no juzguéis sino amaos los unos a los otros para que mi Corazón pueda triunfar. Os doy las gracias”.

Mensaje 2 de enero: “Queridos hijos, mi Hijo ha sido fuente de amor y de luz, cuando en la tierra habló al pueblo de todos los pueblos. Apóstoles míos, seguid su luz. Esto no es fácil: debéis ser pequeños, debéis aprender a haceros más pequeños que los otros, y con la ayuda de la fe, llenaros de Su amor. Ningún hombre en la tierra, sin fe, puede vivir una experiencia milagrosa. Yo estoy con vosotros; me manifiesto a vosotros con estas venidas, con estas palabras; deseo testimoniaros mi amor y mi preocupación maternal. Hijos míos, no perdáis el tiempo haciendo preguntas a las que nunca recibís respuesta: al final de vuestro viaje terreno os las dará el Padre Celestial. Sabed siempre que Dios lo sabe todo, Dios ve y Dios ama. Mi amadísimo Hijo ilumina las vidas y dispersa la oscuridad; y mi amor materno, que me trae a vosotros, es indescriptible, misterioso, pero es real. Yo expreso mis sentimientos hacia vosotros: amor, comprensión y afecto maternal. De vosotros, apóstoles míos, busco las rosas de vuestra oración, que deben ser obras de amor; estas son para mi Corazón maternal las oraciones más queridas, y yo se las presento a mi Hijo, que ha nacido por vosotros. Él os ve y os escucha; nosotros siempre estamos cerca de vosotros. Este es el amor que llama, une, convierte, alienta y llena. Por eso, apóstoles míos, amaos siempre los unos a los otros, pero sobre todo amad a mi Hijo: este es el único camino hacia la salvación y hacia la vida eterna. Esta es mi oración más querida que, con el perfume más hermoso de rosas, llena mi Corazón. Orad, orad siempre por vuestros pastores, para que tengan la fuerza de ser la luz de mi Hijo. Os doy las gracias”.

2016

Mensaje 2 de diciembre: “Queridos hijos, mi Corazón materno llora mientras miro lo que hacen mis hijos. Los pecados se multiplican, la pureza del alma es cada vez menos importante, se olvida a mi Hijo, y se adora siempre menos y mis hijos son perseguidos. Por eso, hijos míos, apóstoles de mi amor, con el alma y con el corazón, invoquen el Nombre de mi Hijo; Él tendrá palabras de luz para ustedes. Él se manifiesta a ustedes, parte el Pan con ustedes y les da palabras de amor para que las transformen en obras de misericordia y, de este modo, lleguen a ser testigos de la verdad. Por eso, hijos míos, no tengan miedo. Permitan que mi Hijo esté en ustedes; Él se servirá de ustedes para atender a aquellos que están heridos y para convertir a las almas perdidas. Por eso, hijos míos, regresen a la oración del Rosario. Récenlo con sentimientos de bondad, de sacrificio y de misericordia. Oren no solo con las palabras, sino también con obras de misericordia; oren con amor hacia todas las personas. Mi Hijo, con su Sacrificio, ha enaltecido el amor; por eso, vivan con Él para tener fuerza y esperanza, para tener el amor que es vida y que conduce a la vida eterna. Por ese amor de Dios también yo estoy con ustedes y los seguiré guiando con amor materno. Les doy las gracias”.

Mensaje 2 de noviembre: “Queridos hijos, para mi Corazón materno, es una gran alegría venir y manifestarme a ustedes. Esto es un regalo de mi Hijo para ustedes y para los que vendrán. Como Madre los invito: amen a mi Hijo por encima de todo. Para que puedan amarlo con todo el corazón deben conocerlo; y lo conocerán por medio de la oración. Oren con el corazón y con sentimiento. Orar significa pensar en Su amor y en Su sacrificio. Orar significa amar, dar, sufrir y ofrecer. Hijos míos, los invito a ser apóstoles del amor y de la oración. Hijos míos, este es un tiempo de vigilia. En esta vigilia los invito al amor, a la oración y a la confianza. Mi Corazón materno desea que, cuando mi Hijo mire en sus corazones, vea en ellos confianza y amor incondicionales. El amor unido de mis apóstoles vivirá, vencerá y desenmascarará el mal. Hijos míos, yo fui el cáliz del Hombre-Dios, fui instrumento de Dios, y por eso, apóstoles míos, los invito a que sean cáliz del amor puro y sincero de mi Hijo. Los invito a ser un instrumento para que, quienes no han conocido el amor de Dios y nunca han amado, comprendan, acepten y se salven. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de octubre: “Queridos hijos, el Espíritu Santo, por el Padre Celestial, me ha hecho Madre, la Madre de Jesús y con esto, también la Madre de ustedes. Por eso vengo para escucharlos, para abrirles mis brazos maternos, para darles mi Corazón y para invitarlos a permanecer conmigo. Porque desde lo alto de la Cruz mi Hijo los ha confiado a mí. Pero lamentablemente, muchos hijos míos no han conocido el amor de mi Hijo y muchos no desean conocerlo. ¡Oh hijos míos!, qué mal hacen aquellos que, para poder creer necesitan ver o razonar. Por eso hijos míos, apóstoles míos, en el silencio de su corazón, escuchen la voz de mi Hijo, para que el corazón de ustedes sea Su morada, para que no sea un corazón oscuro ni triste, sino iluminado por la luz de mi Hijo. Con la fe busquen la esperanza, porque la fe es la vida del alma. Nuevamente los invito: oren. Oren para poder vivir la fe en humildad, en la paz del alma e iluminados por la luz. Hijos míos, no se esfuercen en comprender todo de una vez, porque tampoco yo comprendía todo, sin embargo, he amado y he creído en las palabras divinas que mi Hijo decía, Él, que ha sido la primera luz y el origen de la redención. Apóstoles de mi amor, ustedes que oran, que se sacrifican, ustedes que aman y no juzgan, vayan y difundan la verdad: las palabras de mi Hijo, el Evangelio, porque ustedes son el evangelio vivo, ustedes son los rayos de la luz de mi Hijo. Mi Hijo y yo estaremos a su lado, los alentaremos y los pondremos a prueba. Hijos míos, pidan siempre la bendición de aquellos, y solo de aquellos, cuyas manos ha bendecido mi Hijo, de sus pastores. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje 2 de Septiembre: “Queridos hijos, por voluntad de mi Hijo y por mi amor materno, vengo a ustedes, mis hijos, y especialmente por aquellos que no han conocido el amor de mi Hijo. A ustedes les doy mi amor materno y les traigo la bendición de mi Hijo. Vengo a ustedes que en mí piensan, que me invocan. ¿Tienen corazones puros y abiertos? ¿Ven los dones, los signos de mi presencia y de mi amor? Hijos míos, en su vida terrena, actúen siguiendo mi ejemplo. Mi vida ha sido dolor, silencio y una inmensa fe y confianza en el Padre Celestial. Nada sucede por casualidad: ni el dolor ni la alegría, ni el sufrimiento ni el amor. Todas estas son gracias que mi Hijo les da y que los conducen a la vida eterna. Mi Hijo pide de ustedes amor y oración en Él. Amar y orar en Él –y yo como Madre se los enseñaré–, significa: orar en el silencio de vuestra alma, y no solo recitando con los labios. Este es el gesto más pequeño y hermoso que pueden realizar en nombre de mi Hijo: esto es paciencia, misericordia, aceptación del dolor y el sacrificio realizado por los otros. Hijos míos, mi Hijo los mira. Oren para que ustedes también puedan ver Su Rostro, para que este pueda ser revelado a ustedes. Hijos míos, yo les revelo la única y auténtica verdad; oren para que puedan comprenderla y para que puedan difundir el amor y la esperanza; para que puedan ser apóstoles de mi amor. De manera especial, mi Corazón materno ama a los pastores; oren por sus manos benditas. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de agosto: “Queridos hijos, he venido a ustedes, en medio de ustedes, para que me den sus preocupaciones, para que las presente a mi Hijo e interceda ante Él por ustedes y vuestro bien. Sé que cada uno de ustedes tiene sus preocupaciones, sus pruebas; por eso los invito maternalmente: vengan a la Mesa de mi Hijo. Él, por ustedes, parte el pan, se da a ustedes, les da la esperanza. A ustedes les pide más fe, más esperanza y más vitalidad. Pide vuestra lucha interior contra el egoísmo, contra el juicio y las debilidades humanas. Por eso yo, como Madre, les digo: oren, porque la oración les da la fuerza para la lucha interior. Mi Hijo, de pequeño, me decía a menudo que muchos me habrían amado y llamado Madre. Yo, aquí en medio de ustedes, siento amor y les doy las gracias. Por medio de este amor, ruego a mi Hijo para que ninguno de ustedes, hijos míos, vuelva a casa igual que antes, para que lleven siempre más esperanza, misericordia y amor; para que sean apóstoles del amor, aquellos que con su vida testimoniarán que el Padre Celestial es fuente de vida y no de muerte. Queridos hijos, nuevamente y maternalmente les pido: oren por los elegidos de mi Hijo, por sus manos bendecidas, por sus pastores, para que puedan predicar a mi Hijo siempre con más amor, y así obrar conversiones. ¡Les doy las gracias!”.

Mensaje 2 de Julio: “Queridos hijos, mi presencia viva y real entre ustedes, tiene que hacerlos felices, debido al gran amor de mi Hijo. Él me envía entre ustedes para que con mi amor maternal les dé seguridad, para que comprendan que el dolor y la alegría, el sufrimiento y el amor, hacen que vuestra alma viva intensamente; para invitarlos nuevamente a glorificar el Corazón de Jesús, el corazón de la fe: la Eucaristía.Mi Hijo, día a día, a través de los siglos, retorna vivo en medio de ustedes, regresa a ustedes, aunque en verdad, nunca los ha abandonado. Cuando uno de ustedes, mis hijos, regresa a Él, mi Corazón materno exulta de alegría. Por eso, hijos míos, regresen a la Eucaristía, a mi Hijo.El camino hacia mi Hijo es difícil, lleno de renuncias, pero al final está siempre la luz.Yo comprendo vuestros dolores y sufrimientos, y con amor maternal, enjugo vuestras lágrimas.Confíen en mi Hijo, porque Él hará por ustedes lo que ni siquiera sabrían pedir.Ustedes, hijos míos, deben preocuparse solo por el alma, porque ella es lo único que les pertenece en la Tierra. Sucia o limpia, la tendrán que presentar ante el Padre Celestial.Recuerden: la fe en el amor de mi Hijo siempre es recompensada. Les pido que oren, de manera especial, por quienes mi Hijo ha llamado a vivir según Él y a amar a su rebaño. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de junio: “Queridos hijos, como Madre de la Iglesia, como su Madre, sonrío mientras los veo venir a mí, cómo se reúnen en torno a mí y cómo me buscan. Mis venidas entre ustedes son prueba de cuánto el Cielo los ama. Ellas les muestran el camino hacia la vida eterna, hacia la salvación. Apóstoles míos, ustedes que se esfuerzan en tener un corazón puro y a mi Hijo en él, están en el buen camino. Ustedes que buscan a mi Hijo, buscan el buen camino. Él dejó muchos signos de Su amor. Él dejó esperanza. Es fácil encontrarlo si están dispuestos al sacrificio y la penitencia, si tienen paciencia, misericordia y amor por su prójimo. Muchos de mis hijos no ven y no escuchan porque no quieren. No aceptan mis palabras ni mis obras, pero mi Hijo, a través de mi, los invita a todos. Su Espíritu ilumina a todos mis hijos en la luz del Padre Celestial, en la comunión del Cielo y la tierra, en el amor recíproco. Porque el amor llama al amor y hace que las obras sean más importantes que las palabras. Por tanto, apóstoles míos, oren por su Iglesia, ámenla y hagan obras de amor. Por cuanto haya sido traicionada y herida, ella está aquí, porque proviene del Padre Celestial. ¡Oren por sus pastores!, para que ustedes puedan ver en ellos la grandeza del amor de mi Hijo. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de mayo: “Hijos míos, mi Corazón materno desea su sincera conversión y fe firme para que puedan transmitir el amor y la paz a todos aquellos que los rodean. Pero, hijos míos, no lo olviden: cada uno de ustedes es un mundo único ante el Padre Celestial; por eso, permitan que la obra incesante del Espíritu Santo actúe en ustedes. Sean, hijos míos, espiritualmente puros. En la espiritualidad está la belleza: todo lo que es espiritual está vivo y es muy hermoso. No olviden que en la Eucaristía, que es el corazón de la fe, mi Hijo está siempre con ustedes, viene a ustedes y parte el pan con ustedes porque, hijos míos, Él ha muerto por ustedes, ha resucitado y viene nuevamente. Estas palabras mías ustedes las conocen porque son la verdad y la verdad no cambia; solo que muchos hijos míos la han olvidado. Hijos míos, mis palabras no son ni antiguas ni nuevas, son eternas. Por eso los invito, hijos míos, a mirar bien los signos de los tiempos, a recoger las cruces despedazadas y a ser apóstoles de la Revelación. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de abril: Queridos hijos, no tengan corazones duros, cerrados y llenos de temor. Permitan a mi amor materno iluminarlos y llenarlos de amor y de esperanza, para que yo, como Madre, pueda atenuar sus dolores, porque los conozco y los he experimentado. El dolor eleva y es la oración más grande. Mi Hijo ama de manera especial a los que padecen dolores. Él me ha enviado para que se los atenúe y traerles esperanza. ¡Confíen en Él! Sé que para ustedes es difícil, porque a su alrededor ven cada vez más tiniebla. Hijos míos, es necesario aniquilarla con la oración y el amor. Quien ora y ama no teme, tiene esperanza y amor misericordioso. Ve la luz, ve a mi Hijo. Como apóstoles míos, los llamo para que intenten ser ejemplo de amor misericordioso y de esperanza. Siempre vuelvan a orar para tener el mayor amor posible, porque el amor misericordioso porta la luz que aniquila toda tiniebla, porta mi Hijo. No tengan miedo, no están solos: Yo estoy con ustedes. Les pido que oren por sus pastores, para que en todo momento tengan amor, y actúen con amor hacia Mi Hijo, por medio de Él y en memoria de Él. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje extraordinario 18 de marzo: “Con un corazón materno lleno de amor hacia ustedes, mis hijos, deseo enseñarles la plena confianza en Dios Padre. Deseo que aprendan a seguir la voluntad de Dios mirándose y escuchándose interiormente. Deseo que aprendan a confiar infinitamente en Su gracia y en Su amor, como yo siempre he confiado. Por eso, hijos míos, purifiquen sus corazones. Libérense de todo lo que los ata únicamente a lo terrenal y permitan a lo divino, dar forma a vuestra vida a través de vuestra oración y sacrificio; que en sus corazones esté presente el Reino de Dios; que comiencen a vivir a partir de Dios Padre; que procuren caminar siempre con mi Hijo. Y para todo esto, hijos míos, deben ser pobres en espíritu y estar llenos de amor y de misericordia. Deben tener corazones puros y simples, y estar siempre dispuestos a servir. Hijos míos, escúchenme, hablo en nombre de vuestra salvación. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de febrero: “Queridos hijos, los he invitado y los invito nuevamente a conocer a mi Hijo, a conocer la Verdad. Yo estoy con ustedes y oro para que lo logren. Hijos míos, ustedes deben orar mucho para tener cada vez más amor y paciencia, para saber soportar el sacrificio y ser pobres en espíritu. Mi Hijo, por medio del Espíritu Santo, está siempre con ustedes. Su Iglesia nace en cada corazón que lo conoce. Oren para que puedan conocer a mi Hijo, oren para que vuestra alma sea toda una con Él.
¡Esto es la oración, este es el amor que atrae a los demás y que a ustedes los hace mis apóstoles!
Los miro con amor, con amor maternal. Los conozco, conozco sus dolores y aflicciones, porque yo también he sufrido en silencio. Mi fe me dio amor y esperanza. Repito: la Resurrección de mi Hijo y mi Asunción al Cielo son para ustedes esperanza y amor. Por lo tanto, hijos míos, oren para conocer la verdad, para tener una fe firme, que guíe sus corazones y sepa transformar sus sufrimientos y dolores en amor y esperanza. ¡Les doy las gracias!”

Mensaje 2 de enero: “Queridos hijos, como Madre me siento feliz de estar en medio de ustedes, porque deseo hablarles nuevamente de las palabras de mi Hijo y de Su amor. Espero que me acepten con el corazón, porque las palabras de mi Hijo y Su amor, son la única luz y esperanza en la oscuridad del presente. Esta es la única verdad, y ustedes, que la aceptarán y la vivirán, tendrán corazones puros y humildes. Mi Hijo ama a los puros y a los humildes. Los corazones puros y humildes dan vida a las palabras de mi Hijo: las viven, las difunden y buscan la forma de que todos las escuchen. Las palabras de mi Hijo hacen renacer a quienes las escuchan, las palabras de mi Hijo hacen que regresen el amor y la esperanza. Por eso, mis queridos apóstoles, hijos míos, vivan las palabras de mi Hijo. Ámense como Él los ha amado. Ámense en Su nombre y en Su memoria. La Iglesia progresa y crece gracias a aquellos que escuchan las palabras de mi Hijo, gracias a aquellos que aman, gracias a aquellos que sufren y padecen en silencio y en la esperanza de la redención definitiva. Por eso queridos hijos míos, que las palabras de mi Hijo y Su amor estén en el primer y último pensamiento del día. ¡Les doy las gracias!”

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