SOBRE LA REINA DE LA PAZ

MENSAJES PRINCIPALES

MENSAJES PRINCIPALES DE LA REINA DE LA PAZ

Apenas arribamos a Medjugorje, el Padre nos invita a hacer una oración frente a la Imagen de María donde cada uno abre su corazón. Es un verdadero encuentro con una Madre que tiene una mano extendida, invitándonos a seguirla y vivir sus mensajes y con su otra mano que tiene en el corazón, nos ruega que hagamos todo desde lo más profundo del corazón. Ella como Madre sabe que muchas veces dejamos oramos sin.

La presencia de María

El Padre Slavko solía decir que la presencia de María es el mensaje más importante de Medjugorje, ya que allí hay una presencia que no ves, y sí puedes percibirla. Puedes ver sus efectos en vos y sus frutos.

Allí comprendes cuan amado sos y que importante sos para Dios. Esta presencia te habla al corazón, y te hace recordar aquello que un día olvidaste. Esta presencia tiene un nombre: María.

María es nuestra madre que no se cansa de insistirles a sus hijos pequeños sobre aquello que nos hace bien.

Él sabe lo que nuestro corazón anhela y viene como Madre a enseñarnos a vivir los mensajes tomados de su mano. María quiere hacer de Medjugorje una escuela de amor para sanarnos de la herida de la falta de amor, causa de tantos males.

Su presencia de más de treinta y cinco años es el mayor signo luego del nacimiento de Jesús y de Pentecostés.

La Conversión: “Caminar hacia Dios”

Es la llamada más importante que nos hace María, ya que es un caminar hacia la Paz. En la conversión esta el cambio, la transformación, el encuentro. Para ello María nos invita a que demos un primer paso, que es asistir a su escuela para que podamos ver todo con ojos nuevos.

Recordemos el coraje de San Pablo que dejo a Jesús transformar su corazón de piedra y lo llevó a dar testimonio en países tan lejanos. Él tuvo el coraje de dejarse sanar por el amor de Dios.

Caminar hacia Dios es un proceso permanente que dura toda la vida, es un movimiento del alma.

Cuando leemos un libro necesitamos de la luz. Dios es la lámpara que ilumina y nos hará comprender el libro de nuestra vida, por eso, cuanto más cerca de Dios estemos, tendremos mayor iluminación y conocimiento para escribir los capítulos del libro que faltan, sabiendo que estos, con la guía de Él, serán los mejores de nuestra Vida.

El rosario

El rosario, nos introduce en el mundo al contemplar en cada misterio los problemas de nuestra  sociedad, por ello poco a poco nos lleva a descubrir a Cristo en los demás, especialmente en las personas más heridas, surgiendo en nosotros sentimientos nuevos de caridad, compasión y misericordia. María como mujer de oración y Madre nos invita a orar el rosario con el corazón  en la mayoría de los mensajes.
Recordemos en este sentido las palabras de Jesús “Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán” (Mateo 11,24 )
A medida que vamos rezando el Santo Rosario, vamos juntando todas nuestras acciones y oraciones y se las vamos entregando a Dios, quien en su infinita Sabiduría las transformará y las derramará en bendiciones para el mundo, nuestras familias y para nosotros, por ello María nos dice incansablemente en Medjugorje “el Rosario es un arma muy poderosa”. 
Los misterios del Sagrado Rosario son un resumen de todo el Evangelio. Debemos tratar de vivir “como Jesús y Maria” el gozo y el dolor que ellos experimentaron en su vida en la tierra, para poder aspirar a vivir la gloria de los Hijos de Dios en la eternidad. 

¿Cómo rezar el rosario con el corazón? 
“Y como son siempre las ideas las que rigen la conducta de los seres humanos, en la medida en que tu vayas apropiándote de las ideas del Señor, y las vayas poniendo en práctica, tu vida irá cambiando y te irás haciendo más semejante a la persona de mi Hijo” Padre Slavko “Madre Enséñanos a orar”. 
En uno de sus mensajes la Virgen nos invita…” a orar sinceramente con el corazón, para que  cada una de sus oraciones sean un encuentro con Dios.” 
La Virgen nos pide que aceptemos su invitación a orar, lo que implica tomar una decisión: dedicarle tiempo a Dios, para poder tener ese encuentro que transforma.
Es importante buscar un horario y un lugar donde procuremos estar en intimidad con Dios. Al orar, debemos pedirle a María la gracia de ver todo lo que deba ser transformado en cada uno de nosotros, tanto en nuestra forma de pensar como de obrar. 
Por su naturaleza es bueno rezarlo a un ritmo tranquilo, para que favorezca la meditación de cada uno de los misterios. Cuando rezamos esta hermosísima oración les sugerimos detenerse en cada misterio y reflexionar sobre el alcance que cada uno tiene hoy, en nuestras vidas. Esto nos lleva siempre a ver qué virtud necesitamos pedirle a Nuestra Madre a medida que vamos  orando. 
Tomemos el Rosario en nuestras manos y hagamos una corona de rosas para Jesús y María. “Ponte en presencia de Dios, piensa que Dios y su Santa Madre te miran, que el Ángel de la guarda, colocado a tu derecha, recoge, tus Avemarías, bien recitadas, como si fueran tantas  rosas, para hacer una corona para Jesús y María”. (San Luís M. de Monfort) 

La Eucaristía

La eucaristia se hace verdaderamente plena cuando Jesús sube al calvario y da hasta su última gota de sangre por cada uno de nosotros”.
A partir de ese momento, Jesús deja su Presencia entre nosotros en forma Sacramental, en la Eucaristia. Es el milagro de los milagros.
En cada Misa, Dios se hace presente y se queda con nosotros. Por eso la Eucaristia es misterio y milagro. 
Es en el Cuerpo y la Sangre de Jesús que se manifiesta su rostro invisible.
Los hombres de este  mundo quieren ver su rostro, pero como los discípulos de Emaús, solo al partir el pan podrán  reconocerlo, si lo miran con los ojos del corazón (cfr. Lc. 24, 13- 35) “La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este Sacramento no se conoce por los sentidos”, dice Santo Tomas, sino solo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Jesús nos dice en muchas partes del Evangelio, “por su Fe serán  salvados”, no dice: por sus sen mientos.” (Jn. 20, 29) 
Como cristianos creemos que Jesús está verdaderamente presente en la Hostia Consagrada, por ello es importante entender que la fe y los sen mientos son dos cosas distintas. Vamos a Misa porque creemos. Cada vez que comulgamos Dios va transformando nuestras almas, nuestro cuerpo, nuestras  mentes y nuestras emociones. Por ello, dejar la Eucaristia, es perder nuestro centro y vagar por 
el mundo expuestos al vacío existencial, de tal manera que erráticos en nuestras decisiones, no encontramos paz ni donde reclinar la cabeza. 
La Eucaristia es el lugar predilecto para encontrarnos con María.
Permítanme decirles que en el Santuario de Medjugorje, todo el clima y la oración que María Santisima conduce enen el ritmo de la respiración de un niño que duerme pacíficamente en los brazos de su amante madre. Sus manos y sus labios llenos de ternura y firmeza invaden a todo el pueblo y a los peregrinos diciéndoles “hagan todo lo que él les diga”, y así guiados por el la do de su corazón, llegamos al altar para adorar al Señor como aquellos Magos venidos de Oriente. 
Es desde este lugar sagrado, donde millones de cristianos aprendieron y otros renovaron su amor a la Eucaristia.
Ella, en Medjugorje, como Madre, nos lleva al gran misterio de Cristo Eucarístico.
En sus mensajes nos dice incansablemente  “Que la Eucaristía sea para ustedes la vida”. 

Adoracíon al santísimo sacramento

El hombre fue creado para adorar y servir a Dios, esta es la base de nuestra felicidad. Adorar a  Dios es implica reconocerlo como Dios, Creador y Salvador. 
Adorar a las personas divinas en la erra es tener atado el corazón en el cielo.
El adorar a Cristo  hace que todo se ordene en nosotros, con relación al único centro de nuestras vidas, que es  Dios. En la contemplación dejamos de ver todo con referencia a nosotros mismos como centro. 
Sólo cuenta Dios. Bajo su luz todo queda penetrado por Cristo, y comenzamos a mirar a  nuestros hermanos y a mirarnos a nosotros mismos, con los ojos de Jesús. 
Sigamos el ejemplo que nos dejó el campesino de la iglesia de Ars, quien conocía en 
profundidad los misterios de la contemplación .
Pasaba muchas horas en silencio frente al  Sagrario, y cuando se le preguntaba que hacia allí, el contestaba: “Nada; yo lo miro a El y El me  mira a mí”. 
Cuando adoramos a Dios presente en la Eucaristia, son dos miradas las que se encuentran, la de Dios y la nuestra. Observamos la hostia consagrada, sabiendo que Dios con su Mirada nos  transforma. La Hostia “pasa a ser una ventana a través de la cual puedo ver la realidad de mi vida bajo una luz nueva.”(La oración como encuentro, Anselm Grün, pagina 81) 
María fue adoradora todo el tiempo, desde la concepción y fuera del tiempo, o sea, desde la  eternidad: “Coronada como Reina y Madre de toda la creación”, desde la perspectiva pascual.  Por ello, en sus mensajes no se cansa de decirnos:
” Queridos hijos, enamórense de Jesús  Sacramentado” 
Nos pide como Madre que adoremos a su Hijo, para ayudarlo a salvar las almas  que tanto ama Jesús. 
Creemos en sus promesas y en su presencia viva, real, en la sagrada Eucaris a; esta es una de las razones por la cual golpea fuertemente en nuestras vidas aquella pregunta del Señor: “¿No son  capaces de velar una hora conmigo?”(Mc. 14, 37) 

La Biblia

La Palabra de Dios, es la “voz de Dios” que nos transforma y guía en nuestro diario caminar. Sólo la Palabra de Dios nos dará una mirada de Fe sobre la realidad. 
“La Palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim.2, 9), por ello es capaz de penetrar la inteligencia, los corazones y las mismas estructuras de la personalidad. 
La Fe es la que rompe las vallas de la materia. La Palabra debe hacerse carne, es decir llevar a nuestra vida aquello que hemos leído y orado con el corazón. 
Para ello, es necesario que su lectura, toque nuestro corazón, nuestra forma de pensar y que nos marque no sólo las líneas de acción sino los criterios a seguir, como verdaderos cristianos. 
De este modo, encontraremos muchas respuestas a problemas que se nos presentan a diario.Cuando abrimos la Biblia, es a Dios a quien estamos escuchando, por ello es fundamental tratar de comprender lo que nos dice a cada uno con la mente y con el corazón. La lectura del Evangelio nos revela en muchas oportunidades una respuesta a un problema que no sabíamos cómo resolver. 

¿Cómo podemos actuar como cristianos si no conocemos su Palabra?
El escuchar el Evangelio y tratar de llevarlo a la prác ca nos renueva espiritualmente y nos muestra caminos que nos llevan siempre a la Paz del corazón. 
María, la llena de gracia, llevó en su seno “la Palabra Eterna” (Jn.1). 
Ella es la “gran Pedagoga del Evangelio” (Documento de Puebla, Magisterio latinoamericano) y nos invita a través de sus mensajes a vivir la Palabra, para transformar nuestra vida. 
Esta potencia divina que actúa desde el fondo de nuestro ser, nos da la fuerza de salir de nosotros mismos y sembrar su Palabra en otros corazones, en diversos “terrenos” (Lucas 8, 4- 15) De alguna manera la Palabra, nos configura y nos exige profetizar, anunciar, nos hace arder  el corazón por la Misión. ¡Hay tantos hombres que están necesitando de verdaderos anunciadores del Evangelio! 
Pidamos al Señor que con nuestros gestos, se abran los corazones de los hombres de hoy, para que todos reconozcan a un mismo Padre y Señor y que “lo adoren en Espíritu y en Verdad”.

El Ayuno

Las Sagradas Escrituras y toda la tradición de la Iglesia en más de una ocasión nos invitan a  ayunar. En el Nuevo Testamento, vemos como Jesús ayunó durante cuarenta días antes de comenzar su vida pública. (Mateo 4, 1-2) 
En los primeros tiempos de la Iglesia, se ayunaba los días miércoles y viernes. 
El miércoles recordaban la traición de Judas y el viernes el sacrificio y la muerte de Jesús. Ayunar es poner a Dios en primer lugar. Es donarnos totalmente para reposar en su Providencia. 
Esta práctica ha sido recomendada por muchos santos, ya que al privarnos del alimento material se facilita una apertura del corazón para nutrirnos del hambre más profunda que experimentamos todos los seres humanos: la necesidad de llenarnos de Dios. El gran misterio es que Dios, poco a poco comienza a ocupar aquellos espacios nuevos de nuestras vidas, que antes estaban ocupados. 
Es un arma espiritual que nos permite luchar contra cualquier apego desordenado que 
tengamos, es muy importante tomar conciencia, cómo Dios nos va mostrando todo aquello que nos esclaviza, ya que en todos surgen fuerzas ciegas, pasiones desordenadas que en situaciones de presión pueden contaminar nuestras relaciones humanas.
El Padre Slavko, ya fallecido solía decir frecuentemente a los peregrinos que “el ayuno pone de manifiesto todas nuestras dependencias” 
El ayuno no solo nos fortalece y nos templa el carácter sino que nos permite recuperar la alegría de sabernos libres.  Esta práctica se ha ido perdiendo con el tiempo, por ello Hoy nuestra Madre en Medjugorje a  través de sus mensajes nos ruega que “volvamos al ayuno”. Nos pide el ayuno a pan y agua los días miércoles y viernes ya que el pan es el alimento más básico para la subsistencia, que al sen r hambre nos recuerda las palabras de Jesús “no solo de pan vive el hombre sino de toda 
palabra que sale de Dios”. Se transforma así, en un sacramental que nos lleva al Pan Vivo, a la  Sagrada Eucaristía. 
Hay otros modos de ayunar, como por ejemplo privarnos de algo a lo que estamos apegados, pero recordando siempre lo que Nuestra Madre nos dice en varios de sus mensajes “estaré aún más contenta si ustedes renuncian al pecado” 
A su vez ene otra dimensión, “la solidaridad” con aquellos que no tienen las necesidades mínimas cubiertas, no solo para valorar lo que tenemos, sino porque de todo aquello que nos privamos por el ayuno, podemos dárselo como limosna a aquellos que lo necesitan. 
Este pedido que nuestra Madre Santísima nos hace, no lo olvidemos, por nosotros y por todas las almas del Cuerpo Místico de la Iglesia. 
¡Seamos misericordiosos y ofrezcamos nuestros sacrificios a Nuestra Madre para que Ella las eleve al Santo trono de la Divina Trinidad! 

La confesión 

La Confesión es un sacramento instituido por Cristo, mediante el Espíritu Santo. Surge claramente del Evangelio de Juan 20-22 “¡Paz a vosotros! Como me envió el Padre, así os envío  Yo”. Después sopló sobre ellos y les dijo:” Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonaréis los  pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos.” 
Andamos transitando por la vida sin rumbo, buscando nuestra seguridad en lo que el mundo nos ofrece y así vamos alejándonos cada vez más de Dios. Este alejamiento nos produce un  vacío interior que solo puede ser llenado por Dios. Él es el único que puede sanarnos desde las raíces más profundas de nuestro ser. 
Acercarnos al Confesionario, es acercarnos a Dios como Padre, reclamando nuestra condición de hijos que en algún momento de nuestras vidas habíamos olvidado, fruto exclusivo de nuestras malas elecciones, para volver a su Casa. 
Es en ese momento que Dios con toda su Misericordia, nos espera con los brazos abiertos y lleno de alegría le dice a los Ángeles lo que el Padre del hijo pródigo le dijo a sus criados,” sacad enseguida el mejor traje y vestido, ponedle un anillo en la mano y hagamos una fiesta.” Lc. 15,11- 32) 
Por ello Santa Teresita decía que “ 
¿Cuando uno arroja sus faltas, con una confianza enteramente filial, en la hoguera devoradora del amor, cómo no van a ser consumidas para siempre?  
Es la confianza en su Misericordia lo que nos da la fuerza para ir a buscarlo, sabiendo que Dios nos espera siempre, aunque nuestra condición de Hijos no esté basada en ningún mérito de nuestra parte.  
En cada encuentro que tenemos con Jesús a través del sacerdote, nuestro corazón se  transforma totalmente por nuestro arrepen miento y por la gracia de Dios. 
Es en este diálogo  amoroso donde desnudamos con toda humildad nuestro ser y le entregamos todas nuestras  miserias y conflictos más ín mos. Al presentarnos ante Él, nos abrimos a su gracia: Dios puso en  el corazón de cada uno de nosotros la necesidad de reconciliarnos con Él, por ello debemos  
renovarnos espiritualmente, tratando de conocer en profundidad cada vez más aquellas cosas  que nos alejan de El. Dios nos da la gracia y la fortaleza que necesitamos cada vez que nos  acercamos a este sacramento, para que se vayan arraigando en nuestros corazones nuevas  formas de vivir. 
Este Sacramento es bellísimo; por un lado, nos hace tomar conciencia que estamos heridos y  que necesitamos ser sanados, por ello San Agustin solía decir “Yo quiero curar, no acusar”,  refiriéndose a la práctica de la confesión; y por otro lado, nos lleva siempre al Encuentro con  nuestro Padre. ¿Que esperamos para correr a los brazos de nuestro Padre, sabiendo que la  Misericordia y el Amor nos están esperando?